lunes, 26 de septiembre de 2016

La pastilla verde. Reseña del libro de Luis Sebastián Pascual, Editorial Meridiano.





Uno de los ejes de este Blog (como sabrán quienes entren habitualmente) es la Mnemotecnia. El "arte" de la Memoria, de técnicas, métodos y procedimientos que permitan optimizarla, mejorarla y lograr que, merced al entrenamiento, consigamos llevar a cabo "prodigios" que, en apariencia, serían imposibles para una persona "común" ...

Estoy en el tema hace ya unos cuantos años. Cada vez me interesa más. Cada día le encuentro más aplicaciones, más beneficios, mayor potencial para mejorar nuestras vidas, más allá incluso de la memoria en sí.

El tener acceso a libros, artículos y material relacionados sobre la temática es para mí motivo de alegría y disfrute.

El libro del que les hablaré hoy es La pastilla verde. Técnicas de memorización para mayores de 40 años, de Luis Sebastián Pascual, publicado por Editorial Meridiano.

Sobre el subtítulo del libro, hablaré al final de la reseña.




Voy a analizarlo considerando varios aspectos y a desarrollar cada uno de dichos puntos por separado para poder hacer una mejor valoración.

El libro me ha encantado. Tiene el enorme mérito de ser disfrutable tanto por una persona que "ya esté en tema" como por otra que no sepa nada sobre el asunto (y lograr esto -en el área que fuere- no es algo fácil).

Una de las primeras cosas que noté y que me agradó es el modo en que está escrito, particularmente la "relación" que establece con el lector. Continuamente propone pensar en las ideas que plantea, en reflexionar sobre la memoria, el olvido... por qué se recuerda, por qué se olvida... Nada se plantea como "verdad absoluta". Se habla de técnicas, de recursos, exponiendo por qué podrían sernos de utilidad, cómo y por qué funcionan, cuándo serían probablemente útiles, cuando no... No hay nada en el libro escrito en términos de "esto es de este modo, es así y es indiscutible"... Hay una continua invitación a la reflexión, a pensar, experimentar y sacar conclusiones.

Además del tipo de relación que procura establecer con el lector, me agradó mucho la didáctica que desarrolla el autor para acercarnos los conceptos, la clase de propuestas que nos hace para que probemos las técnicas expuestas, el aspecto "vivo y lúdico" con el que entiende la Mnemotecnia. Nunca se afirma que "esto es así, así que de este modo se hace, de este modo y jamás de otro". Como dije, el libro es una invitación a la experimentación.

Será (probablemente) por ser docente que tengo en alta estima la metodología de enseñanza, la didáctica empleada... Pongo dicho aspecto a la par de la calidad de los contenidos que se desean desarrollar. Estoy seguro de que todos/as podemos recordar al menos un caso de este tipo: conocemos a una persona que es genial y talentosísima en lo suyo y, aún así, no logra enseñarle la noción más elemental al estudiante más dotado y despierto...

La pastilla verde está escrito para que se entienda, ya sea que uno sepa o que sea totalmente nuevo en este universo de la Mnemotecnia.

Ahora bien, vamos a los contenidos en sí. La forma en que está estructurado el libro es muy acertada. Las técnicas y recursos están ordenadas con criterio, de forma tal que cualquier persona que de modo legítimo se tome el tiempo para experimentar y probar lo que propone el autor llegará siempre al capítulo siguiente con una mayor confianza en su potencial para aprender a utilizar y aplicar las herramientas ofrecidas, para avanzar y animarse a subir un escalón más en cuanto a "complejidad"...




En cada capítulo, el autor nos ofrece una abundante variedad de fuentes bibliográficas e históricas sobre los orígenes, el desarrollo y las corrientes dentro de la Mnemotecnia a lo largo de la historia, así que, si (como yo) son curiosos y disfrutan de conocer la génesis de las cosas, tendrán para entretenerse. Estos datos históricos y bibliográficos no son caprichosos, no son sólo para mostrar erudición o un buen trabajo de documentación para sustentar lo expuesto (que tampoco estaría mal, por cierto), sino que son para que entendamos mejor el por qué de ciertos cambios en el modo de pensar la memoria, el por qué del surgimiento de nuevos métodos y recursos, o la razón por la cual ciertas maneras de abordar este "arte" fueron dejadas de lado.

Leí el libro en dos días. Es de lectura MUY dinámica.

A todo esto, tal vez quienes ya conozcan algo se preguntarán: ¿Es un libro sólo "para neófitos"? No, rotundamente no. Si bien las técnicas y recursos planteados en el libro ya los conocía (con alguna que otra mínima variación), hay algo que será de provecho para toda persona interesada en al área (incluso si ya tiene conocimientos) y esto es el modo que propone para desarrollarlos, así como los usos que plantea.

Elaboro un poco más esta idea. Por ser profesor de música, me valdré -sabrán disculparme- de una metáfora relacionada con lo mío. Piensen por un momento que ustedes son músicos, que conocen ya una buena cantidad de acordes y escalas... Genial, ahora piensen en un libro que desarrolla esos recursos, ya conocidos por ustedes, pero que les propone muchísimos modos originales de utilizarlos y aplicarlos, modos que tal vez jamás consideraron... Quizás conocían "la escala", pero jamás se les hubiese ocurrido que CON ELLA podían hacer algo como lo que les plantea el libro, u obtener una sonoridad distinta de la habitual, simplemente empleándola de otro modo... Espero se entienda mi punto.

Para los que ya estén enganchados con la Mnemotecnia, Luis Sebastián Pascual no les resultará desconocido. Es autor de varios libros sobre esta temática y responsable de la página web mnemotecnia.es.

Me referiré ahora a la última cuestión, al subtítulo del libro: "Técnicas de memorización para mayores de 40 años"

Inicialmente, de modo prejuicioso (era consciente de ello), pensé: "No parece muy buena idea agregar eso. Si las ideas que se exponen las puede aplicar de modo efectivo cualquier persona más allá de su edad, ¿por qué condicionar tanto el famoso "target", el tipo de lector?"

Apenas comencé a leer el libro, me quedó claro el por qué de este agregado y la importancia del mismo. El autor señala algo que yo mismo he notado. Muchas veces, cuando intentamos transmitirle a una persona cercana a nosotros, amigo/a, familiar o un conocido, nuestra pasión por la Mnemotecnia y los beneficios de tener alguna clase de conocimiento sobre ella, solemos recibir respuestas como: "Bueno, sí, es realmente muy interesante. Imagino que será de muchísima utilidad, pero la verdad es que eso se lo dejo a la gente joven, yo ya tengo X cantidad de años...". Luego de este punto, suelen venir ideas basadas en prejuicios y preconceptos sobre la memoria y lo que el entrenamiento de la misma es, así como una "justificación" para no intentarlo siquiera...

Un/a estudiante es, por lo general, más receptivo/a a cualquier clase de recurso que le facilite la tarea de retener los datos que "debe" conocer. Pero la mayoría de las personas, cuando abandonan las etapas clásicas de instrucción, suelen más bien resignarse a su "mala memoria".

El autor invita a repasar estas ideas, analizarlas, cuestionarlas y animarnos a ver "si es tan así" eso de que "luego de cierta edad, tu memoria ya no es la misma" o de que "pasado cierto punto en la vida, la memoria se deteriora".

Y no sólo invita a cuestionar esto, sino que nos ofrece buenos argumentos, evidencias, que señalan lo contrario, casos concretos que demuestran que de ningún modo esto "tiene que ser" así...

En mi caso, aún no llego a los 40, aunque estoy muy cerca. Por fortuna, merced a conocer la Mnemotecnia (gracias a otra de mis pasiones, el Ilusionismo), ni se me cruza por la cabeza considerar que (estando sanos) la edad pueda ser un impedimento para mantener, o incluso ampliar, nuestra capacidad para retener información y aprender cosas nuevas.

Por último, quiero agregar que, para quienes gustan del formato digital, el libro ya se encuentra disponible de este modo. En lo personal, sigo prefiriendo el libro físico. Lo pueden pedir a la editorial directamente o bien conseguirlo en Amazon.

Esto es todo. Dejo a continuación más información sobre Luis Sebastián Pascual y la editorial Meridiano.

MERIDIANO EDITORIAL

Avda. Nazaret 13, Portal A, 9º D Izda.

28009 Madrid
+34 609 184 925
Sitio Web

Web del libro:



Algo más sobre el autor:






"Luis Sebastián Pascual (Valencia 1966) ejerce como informático, pero arrastra desde hace muchos años una irrefrenable curiosidad por la mnemotecnia y muy especialmente por sus orígenes e historia.
Ha publicado los títulos Consigue una excelente memoria (CCS, 2008), Mapas de aprendizaje: una herramienta de memorización (CCS, 2010) y Técnicas de memorización: casos prácticos (CCS, 2013). 
También es responsable de la web www.mnemotecnia.es, en la que además de diversos artículos, ha publicado unBreve manual de mnemotecnia (descarga libre en PDF) y una Breve historia de la mnemotecnia, de consulta abierta on-line www.mnemotecnia.es/bhm."



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Espero que hayan disfrutado de la reseña y se sientan motivados para leer el libro.
Si desean compartir esta entrada en las redes sociales, se los agradeceré.
Desde ya, muchas gracias y hasta la próxima.

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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Mindfulness: la atención plena. (Gabriel García De Oro)

Hoy quiero compartir con ustedes este artículo que tomé de El País (al final de la entrada hallarán el link) que tiene ya un par de años, y que trata sobre un tema que ha ido despertando cada vez mayor interés en estos último años, el estado de Mindfulness o ATENCIÓN PLENA ...

El artículo está casi idéntico a como fue publicado, con excepción de un par de imágenes que he agregado sobre el final para ilustrar con las portadas de los libros que menciona como referencia para quienes deseen saber más.

Sobre dichos libros no puedo decir nada porque no los he leído. Uno de ellos es, al juzgar por lo que dice, para colorear mandalas. En lo personal recomiendo Mindfulness en la vida cotidiana de Jon Kabat Zinn (Paidós).






Mindfulness: la atención plena.

Ser plenamente conscientes de lo que está ocurriendo aquí y ahora.
Es el estado ideal para combatir las distracciones y concentrarse en los objetivos.



Ilustración de Ana Parini


Apenas he empezado a escribir este artículo cuando mi ordenador me ha avisado de que tengo tres correos nuevos en mi bandeja de entrada. Además, he recibido dos llamadas y varios mensajes. Ya puestos, he entrado en el As para comprobar si había sucedido algo relevante en el mundo del deporte. Media hora y aún no he escrito ni una sola línea.

La desconcentración es continua, el bombardeo no cesa. Mi único consuelo, si podemos llamarle así, es que esto no me ocurre solamente a mí, es el signo de los tiempos digitales. Según las estadísticas, como máximo pasaríamos unos once minutos de media concentrados en una actividad antes de que algo o alguien nos interrumpa. Y si nadie lo hace, somos nosotros mismos quie­nes desconectamos. Por si fuera poco, cada desconcentración provoca que cueste entre diez y veinte minutos reemprender la actividad. No estamos acostumbrados a estar presentes en el presente. Nuestro cuerpo está, pero no nues­tra cabeza. Nos hemos habituado a la distracción, a la atención parcial, algo parecido a una plaga universal de síndrome de déficit de atención. Se quiere estar tan conectado que se olvida de que lo primero es hacerlo con uno mismo. Y esto produce estrés, ansiedad, sensación de agobio, de llegar tarde a todo, de no tener tiempo para nada.




Así, no es de extrañar que haya irrumpido con fuerza el concepto de mindfulness. Esta práctica de origen budista cuenta con más de 2.500 años de antigüedad, sin embargo en Occidente no aparece hasta hace unos treinta años para tratar problemas asociados al estrés y al dolor crónico. Hoy, las aplicaciones de este concepto se extienden a casi todos los campos, como por ejemplo al de la educación y la enseñanza. Es habitual ver que las universidades ofrezcan a sus alumnos talleres de atención plena, conscientes de que en la mayoría de los casos la distancia que separa el éxito del fracaso no reside en el talento natural, sino en la capacidad de concentrarnos, que permite retener conceptos, relacionarlos, entenderlos e incorporarlos en nuestras estructuras de pensamiento. Y es que por más capacitado intelectualmente que uno esté, sin atención el suspenso es casi seguro. Se ha de comprender que el cerebro no es multitarea. 

Solo podemos concentrarnos en una cosa a la vez y si no lo hacemos, si intentamos estar en varios lugares al mismo tiempo, no conseguiremos un resultado tan satisfactorio como aquellos que con igual o menor capacidad que nosotros sí que son capaces de poner todo el foco de su atención en la actividad concreta que están desarrollando.

Los estudios científicos han demostrado lo que hace más de dos mil años ya sabían los budistas, es decir, que un estado de atención consciente ayuda no solo a reducir el estrés o la ansiedad, sino también a ser más creativos, a poder juzgar y valorar las situaciones con mayor claridad, a aumentar la resistencia emocional y a disfrutar más de lo que se está haciendo.

Como tantas otras capacidades del ser humano, la atención también se entrena. Porque es un músculo que cuando se usa se fortalece y cuando no, se atrofia. Los resultados, lógicamente, son progresivos y podemos, poco a poco, ir alcanzando cotas de mayor atención. Además, si nos enfrentamos a actividades que van a reclamar más concentración, como por ejemplo una época de exámenes, entrenar unos minutos nos preparará para expandir los límites de nuestra atención, minimizar los efectos de las distracciones, propias y ajenas, y disfrutar del momento. Así que ahora vamos a crear nuestro propio gimnasio de mindfulness. Para ello necesitaremos reservar entre 5 y 20 minutos al día de entrenamiento y empezar con estos tres ejercicios que se pueden repetir cuantas veces se quiera e, incluso, introducir todas aquellas variaciones que nos vengan a la cabeza. Lo importante es practicar.


La pasa. Este es uno de los ejercicios más utilizados en los talleres de mindfulness en todo el mundo. Es tan sencillo como revelador. Se trata de tomar una pasa. Sí, una simple uva pasa. Pero no nos la comemos, no aún.

Primero se observa con detalle y hay que centrarse en darse cuenta del amplio abanico de colores y tonalidades, de cómo incide la luz en sus pliegues, en su textura rugosa. En loirregular de sus formas a nuestros ojos. Se trata de captar todo lo que se pueda ver. Luego, hay que cerrar los ojos y tocar la uva pasa. Pero con mimo. Hacerla bailar entre los dedos, para darse cuenta de su tacto, del nuestro; de cómo se mezcla su piel con la nuestra.

Después, con los ojos cerrados todavía, nos ponemos la pasa en la boca. No la mordemos, sino que la acariciamos con los dientes primero para luego notar que cae en nuestra lengua, acolchándola. Ahora exploramos con la lengua, de la misma manera que hemos hecho con los dedos. Lentamente. Sin prisas. Disfrutando de todo lo que una simple e insignificante uva pasa nos puede ofrecer. Al final, ahora sí, la mordemos. Y somos conscientes de una explosión magnífica que se produce en nuestros sentidos. Percibimos su sabor, cómo se funde y confunde con el nuestro, con la saliva, con el gusto. Tratamos de llenarnos toda la boca con esa mezcla, llegando a todos los rincones. Solamente entonces nos tragamos la pasa y notamos cómo baja por la garganta, cómo abandona la boca y se integra en nuestro interior. Una vez finalizado el ejercicio, esperaremos unos segundos para abrir los ojos y celebrar que hemos disfrutado de una pasa, tal vez por primera vez en la vida, en lugar de engullirla. La hemos sacado todas las posibilidades que tenía para ofrecernos. Eso es lo que ocurre con el presente, que si lo engullimos con las prisas y la falta de atención, no dejamos que nos dé todo lo que tiene para ofrecernos.




Pinte y coloree. No es la primera vez que en este espacio se habla de la importancia de recuperar ciertas actitudes y actividades infantiles en beneficio del desarrollo personal. Sin duda, este es uno de los casos más llamativos. Y es que, últimamente, desde distintos ámbitos, se insiste mucho en los beneficios del clásico pinta y colorea, que todos hemos practicado, en relación con el mindfulness. Se trata simplemente de tomar unas plantillas en blanco y negro, sacar los lápices de colores y ponerse a pintar. Con atención. Abstraídos. Concentrados. De la misma manera que cuan­do éramos niños.

Probarlo no cuesta nada, en Internet podemos encontrar infinidad de plantillas de todo tipo, sobre todo mandalas, que son las representaciones del macrocosmos y el microcosmos usadas en el budismo y el hinduismo. Esta actividad, tan simple, reducirá nuestro ruido interior, nos permitirá entrenar el arte de poner el foco en una sola actividad, conectaremos con nuestra parte creativa y estimularemos la psicomotricidad. Carl Jung, el gran psiquiatra suizo, no dudaba en afirmar que “la práctica del mandala es la única terapia que se puede hacer solo”.

Respiración. Igual que los deportistas aprenden que para mejorar el rendimiento deben respirar correctamente, nosotros también tendremos que practicar la respiración en nuestro gimnasio de atención plena. A pesar de que existen muchas clases de respiración, se puede empezar con la más sencilla, que es la respiración cuadrada. Básicamente se trata de acompasar la respiración, darnos cuenta de que se está respirando y apartar todo pensamiento que quiera inmiscuirse en este ejercicio. Eduard Punset, en su blog, enseña con su aparente sencillez cargada de pedagogía cómo practicar la respiración en beneficio de la atención plena:

“En primer lugar, adoptar una postura de descanso. En segundo lugar, respirar profundamente gracias a una absorción moderada de aire y su consiguiente y posterior exhalación. En tercer lugar, dejar que el organismo supere el acto de respirar profundamente para acariciar, muy brevemente, los pensamientos a los que se renuncia. En cuarto lugar, tomar nota de que el acto de respirar fue interrumpido por algún pensamiento para volver cuanto antes al proceso respiratorio. Basta con repetir durante diez minutos cada día lo anterior –y ese es el quinto paso– para constatar que ha mejorado la focalización de la atención”.

ATRAPA AL CONEJO

Un estudiante de artes marciales se aproximó al maestro para hacerle la siguiente pregunta: “Querido maestro, a pesar de lo mucho que aprendo con usted, quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales. Además de aprender con usted quisiera aprender con otro maestro para dominar otro estilo y otras visiones que seguro me enriquecen.

¿Qué piensa de esta idea?”. El maestro, que había escuchado con atención las palabras de su discípulo, meditó unos instantes y dijo: “El cazador que persigue dos conejos no atrapa ninguno”.



PARA SABER MÁS
'Mindfulness': la atención plena

Ilustración de Ana Parini


LIBROS

‘Focus’
Daniel Goleman (Kairos)


En este libro se encontraran las claves
de cómo aumentar la capacidad de 
atención para conseguir la excelencia.


‘Colorea mandalas’
Susanne F. Fincher (EDAF)


Con él podremos colorear 48
mandalas inspirados en las
formas de la naturaleza.


Fuente original del artículo:


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lunes, 2 de mayo de 2016

Sacar ciencia de la galera. Andrés Rieznik.

Hoy comparto con ustedes una interesante Charla Ted de Andrés Rieznik, un físico, ilusionista e investigador argentino que nos habla acerca de ciertos métodos utilizado durante siglos por Magos e Ilusionistas para confundir y "engañar" a sus espectadores, y como la ciencia moderna ha comenzado a estudiar con detenimiento dichos métodos y a crear conocimiento sobre la mente humana, la forma en que percibe, elije, selecciona ...

Esta charla mezcla Ciencia, Mentalismo, Ilusionismo y los procesos de la Mente Humana ... Lo hace de modo comprensible y dinámico, espero la disfruten ...



Andrés Rieznik.


El video:





Andrés Rieznik.


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martes, 19 de abril de 2016

Las claves para pensar como Sherlock Holmes


Hoy comparto con ustedes una nota publicada originalmente en BBC Mundo y reproducida por el diario La Nación, la autora es Helen Thomson. La misma habla sobre Mnemotecnia, que, como saben los lectores y lectoras del Blog, es uno de los ejes de este espacio.

Espero les interese, es bastante intraductoria al tema y no requiere poseer conocimientos previos para comprenderla, como extra, al final del texto, les dejo links a varias entradas publicadas aquí sobre la temática.



Benedict Cumberbatch y Martin Freeman como Sherlock Holmes y John Watson en la Serie Sherlock de la BBC.



Si le hubieran dicho a Alex Mullen hace algunos años que sería capaz de memorizar una baraja entera de cartas en tan solo 21,5 segundos, habría pensado que le estaban tomando el pelo. Su memoria no era nada del otro mundo; incluso estaba por debajo del promedio.

Hoy estudia medicina en la Universidad de Mississippi, EE.UU., y acaba de batir el récord mundial de memorización en el World Memory Championships (Campeonato Mundial de Memoria). Mullen logró obtener la puntuación más alta en los 24 años de historia de la competición y todo empezó con un libro que le motivó a entrenar su mente.


Entrenando la memoria

Mullen me habló de un libro que leyó: Moonwalking with Einstein (Caminando en la Luna con Einstein), escrito por el periodista Joshua Foer, quien partició de un campeonato de memorización en Estados Unidos para escribir sobre lo que pensó que sería el Super Bowl de los sabios. Pero, en cambio, se encontró con un grupo de gente que había entrenado su memoria utilizando técnicas antiguas.


Mullen arrancó a practicarlas y ganó el concurso al año siguiente. "Yo no tenía una memoria natural excepcional. Pero en 2013 comencé a entrenarme utilizando las técnicas de las que había hablado Foer", afirma.


Un truco simple para mejorar tu memoria

Un año más tarde, quedó segundo en un campeonato nacional y en 2015 se coronó campeón mundial. El concurso se celebró en diciembre en China y consistió en 10 rondas de desafíos mentales, que incluían pruebas de memorización numérica y facial, entre otras.


El reto final es la ronda rápida de cartas, en la que los concursantes deben memorizar una baraja entera lo más rápido posible. Mullen fue el segundo participante. Observó las cartas durante 21,5 segundos, lo que le bastó para hacerse con el primer premio.


Hoy ostenta el récord mundial de memorización de números en una hora: 3.029. También cuenta con media docena de récords en Estados Unidos, incluida la memorización de 3.888 dígitos binarios en 30 minutos.


Palacio mental

Se trata de asignar imágenes a los objetos o hechos para poder recordarlos con más facilidad. Si sos incapaz de recordar la lista de las compras, por no hablar de los miles de unos y ceros, las proezas memotécnicas de Mullen podrían parecerte inalcanzables. Pero, según él, cualquiera puede hacerlo, "solo tenés que crear un palacio mental".


Para quienes no estén familiarizados con la serie de la BBC sobre Sherlock Holmes, "Sherlock", un palacio mental (o palacio de la memoria) es una imagen en el ojo de tu mente de un lugar físico que conocés bien, tal vez de tu casa o del camino al trabajo.


Para recordar cosas, ya sean cartas o productos alimenticios, tenés que caminar a través de tu palacio mental y dejar caer una imagen de cada objeto en lugares específicos a lo largo de esa ruta.



Foto:Thinkstock


La técnica se atribuye al poeta griego Simonides de Ceos, que vivió en el año 477 a.C. Cuenta la leyenda que Simonides estaba en una cena y que, a mitad del banquete, lo llamó un mensajero. Pero mientras salía por la puerta, el techo se derrumbó y murieron todos los que se encontraban dentro de la sala.


Simonides intentó recordar dónde estaba sentado y, de repente, se imaginó conversando con el invitado que tenía enfrente, el que estaba a su izquierda y un tercero que presidía la mesa. Y se dio cuenta de que podía identificar los cuerpos recordando el lugar exacto en el que se había sentado cada uno.


Fue entonces cuando descubrió que la mejor manera de recordar un grupo de objetos (o de personas) es agregar imágenes a una ubicación específica y ordenada. Siglos más tarde, Eleanor Maguire, del University College de Londres escaneó los cerebros de 10 personas que habían participado en campeonatos mundiales de memoria.


Esperaba identificar diferencias en su estructura cerebral, pero la única diferencia fue el uso preferencial de tres áreas del cerebro relacionadas con la navegación; los súper memorizadores podían recordar mejor las cosas porque "caminaban" en sus palacios mentales.


Sonidos fonéticos

Otro truco consiste en asignar sonidos a números o imágenes que deseas recordar. A la hora de recordar números o dígitos binarios, muchos "memoriones" utilizan su propio sistema para transformar esos elementos en imágenes. Y eso incluye convertir palitos y números en sonidos fonéticos.


Pensá en el siete de diamantes y el cinco de espadas. El diamante y la espada juntos crean el sonido "m", por ejemplo. El siete se convierte en el sonido "k" y el cinco es una "l". Aunque no es inmediatamente obvio de dónde viene cada sonido, se basan en un código que alguien ideó hace mucho tiempo, cuenta Mullen.


"Una vez que tenés tu 'm' y tu 'l', sólo tenés que crear una imagen que represente esas letras. A mí me recuerdan a la palabra 'Michael', así que cuando veo esas dos cartas juntas pienso en Michael Jordan", explica.


Otro de sus trucos consiste en reducir a la mitad las 2.074 combinaciones posibles, aunque prefiere no entrar en detalles.



Como andar en bicicleta

Los palacios mentales pueden encontrarse en cualquier lugar. "Si te parás a pensarlo, seguramente hay cientos de lugares que conocés muy bien", dice Mullen. Él utiliza palacios mentales específicos para cosas que quiere recordar a corto plazo -como barajas de cartas-y otros para cosas que quiere recordar para siempre.

"Cuando aprendo cosas en la universidad, como medicamentos o trastornos estomacales, introduzco ese conocimiento en un palacio mental que solo utilizo para ese tipo de información", indica.

¿Puede fallar este método? ¿Es posible quedarse en blanco? Mullen dice que no, que si lo querés recordar, eso siempre estará a salvo en tu palacio mental. Y agrega que no hay que tener ningún don especial: cualquiera puede aprender a hacerlo.



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Aquí les dejo algunas entradas de Blog sobre la temática, he elegido aquellas que son de carácter didáctico y no sólo informativo, es decir, en estas entradas hallarán el modo de aplicar y aprender las técnicas para el desarrollo de una memoria entrenada.









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martes, 2 de febrero de 2016

La ciencia de la deducción: ¿podrías resolver un crimen como Sherlock Holmes?. Artículo de la BBC.

Hoy comparto con ustedes un artículo muy interesante que cruza varios temas afines a la temática del Blog: Sherlock Holmes, las habilidades de deducción, la ciencia forense, la observación ...

El artículo fue publicado por la BBC. Al final de la entrada encontrarán el link a la publicación original. Llegué a esta nota vía twitter, gracias a @carrieneyman y @axel_torn que compartieron esta publicación y a @julietaeme2002 que llamó mi atención hacia la misma.

Espero disfruten del artículo tanto como yo.


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El legendario detective de Sir Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes, es, por supuesto, un personaje ficticio. Pero, ¿será posible aprender a ser un maestro de la deducción?

Para resolver los más desconcertantes casos, Holmes piensa fuera de los marcos convencionales, así como en el interior de ellos. De hecho, él piensa incluso en los marcos mismos.

Es esta atención a los detalles -todos los detalles- lo que le permite hacer las inferencias más extraordinarias.

¿Cómo lo hace?

Pues es tan difícil como aparenta ser, pero se puede hacer. Así que prepárate para una lección en observación y razonamiento a la manera de Sherlock Holmes.

"Soy cerebro, Watson..."



A pesar de que él mismo lo afirma, los poderes de deducción de Sherlock Holmes son cualquier cosa menos elementales.

Hacer una sola conexión puede ser fácil pero hay una ciencia compleja para unir todos los puntos. Dos ciencias de hecho: medicina forense y criminología, y Sherlock Holmes podría considerarse un pionero de ambas.

La ciencia forense es el análisis de pruebas físicas para vincular a un sospechoso a un crimen.

Sherlock Holmes no dudó en adoptar algunos de los métodos innovadores del campo, usando las huellas dactilares para resolver el caso en "El signo de los cuatro", publicado en 1890, más de una década antes de Scotland Yard adoptara la práctica, en 1901.

El campo criminológico de perfilación criminal también tiene más que un poco de Sherlock.
La herramienta de investigación, que trata de prevenir y resolver crímenes mediante la comprensión de lo que motiva a los delincuentes, ha sido influenciada en gran medida por el concepto más característico de Sherlock Holmes: el razonamiento deductivo.


Aunque las cosas pueden haber cambiado un poco desde el apogeo de Sherlock Holmes, la capacidad de hacer deducciones brillantes todavía se sustenta en una amplia base de conocimientos: no puedes conectar los puntos si no conoces esos puntos.

Hoy en día, los encargados de que se cumpla la ley también utilizan una red de informantes similar a la del famoso detective.

Delincuentes que actúan como informantes o circuitos cerrados de televisión son algunos de los recursos que pueden ayudar a los policías a encontrar detalles que podrían haber pasado por alto.

Holmes tenía una notable variedad de habilidades para un solo hombre; en la investigación contemporánea ese trabajo está a cargo de varios especialistas distintos.

Pero los meticulosos métodos de Sherlock todavía son evidentes en la actividad policíaca moderna, desde los análisis de sangre y de balística hasta el trabajo de los psicólogos y psiquiatras.


Una lección

Colin Nube está emergiendo rápidamente como un líder mundial en la deducción y nos explica las habilidades que necesita para pensar como Sherlock Holmes.



Esas palabras inmortales resumen perfectamente el principio fundamental de la deducción: no basta con ver lo que te presentan, ve más allá y estudia también el contexto.

"La deducción real se reduce a dos cosas que se usan en combinación: tu conocimiento y tu sentido de conciencia. Cuanta más información puedas reunir, más precisas serán tus deducciones".

Pero, ¿cómo recopilar esta información? ¿En qué hay que fijarse?

"Presta atención. Todo está allí, al descubierto, frente a ti. Todo lo que tienes que hacer es sintonizarte. ¿Qué ves? ¿Qué hueles? ¿Qué escuchas?"

"Ahora piensa con un poco más de profundidad. ¿En qué dirección está viajando esa sirena que escuchas en la distancia? ¿Cuál es esa canción que llega a través de los auriculares de la persona a tu lado en el metro?

"Observa a alguien, a cualquiera. ¿Qué se puede inferir? ¿Notas marcas, manchas o pelos que no son propios en su ropa? ¿Qué perfume está usando? ¿O huele a otra cosa, como un alimento especialmente picante?

"Si aprovechas tus sentidos, tu conciencia aumenta y, con el tiempo, sabrás quienes son realmente las personas, qué sienten y hasta lo que están pensando".


Los verdaderos Sherlock Holmes

Estos personajes de la vida real aparentemente le sirvieron a Conan Doyle como inspiración para crear a su detective.



La inspiración primaria de Conan Doyle, quien también era médico, fue uno de los doctores líderes de la época: Dr. Joseph Bell (1837-1911).

Bell trabajaba en el hospital voluntario más antiguo de Escocia, Royal Edinburgh Infirmary, donde era cirujano y pionero de la ciencia forense.

Sus diagnósticos se basaban en la observación aguda y el razonamiento astuto.

A menudo trabajaba con Henry Littlejohn (1826-1914), médico de la policía y asesor médico de la corona de Escocia, quien proporcionaba su pericia forense para resolver casos.

Otra fuente de inspiración fue Jerome Caminada (1844-1914).

Apodado "El terror de los malhechores", este policía de Manchester era un maestro del disfraz y utilizaba una amplia red de informantes similar a la de Sherlock Holmes.

Y no hay que pasar por alto las similitudes en la metodología del neurólogo William Gowers, autor de "La biblia de neurología", con la del detective.

Aunque no se sabe con exactitud cuál fue la naturaleza exacta de la influencia de Gowers en Conan Doyle, este último se había especializado en enfermedades neurodegenerativas y ambos eran amigos de Rudyard Kipling, autor de "El libro de la selva".

Pero realmente es cuando se compara lo escrito cuando se nota la semejanza.

Fíjate, por ejemplo, en cómo Gowers le enseñaba a sus estudiantes a empezar los diagnósticos desde el momento en el que el paciente entrara por la puerta.



Es notablemente similar a la costumbre de Sherlock Holmes de componer un perfil de cada persona que encuentra basado en las pistas más tenues.

Era la importancia de lo que parece inconsecuente lo que parecía inspirar a ambos.


Hay varios ejemplos de lo que tenían en común, como la manera en la que ambos "razonaban de atrás para adelante", diseccionando todos los senderos posibles que podrían haber llevado a una enfermedad (en el caso de Gowers) o a un delito (en el de Sherlock Holmes).

Como lo resumió el detective:



Pero quizás la lección más importante que tanto Gowers como Sherlock Holmes nos pueden dar es el valor de reconocer los errores.



El artículo fue publicado originalmente en:


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