lunes, 26 de septiembre de 2016

La pastilla verde. Reseña del libro de Luis Sebastián Pascual, Editorial Meridiano.





Uno de los ejes de este Blog (como sabrán quienes entren habitualmente) es la Mnemotecnia. El "arte" de la Memoria, de técnicas, métodos y procedimientos que permitan optimizarla, mejorarla y lograr que, merced al entrenamiento, consigamos llevar a cabo "prodigios" que, en apariencia, serían imposibles para una persona "común" ...

Estoy en el tema hace ya unos cuantos años. Cada vez me interesa más. Cada día le encuentro más aplicaciones, más beneficios, mayor potencial para mejorar nuestras vidas, más allá incluso de la memoria en sí.

El tener acceso a libros, artículos y material relacionados sobre la temática es para mí motivo de alegría y disfrute.

El libro del que les hablaré hoy es La pastilla verde. Técnicas de memorización para mayores de 40 años, de Luis Sebastián Pascual, publicado por Editorial Meridiano.

Sobre el subtítulo del libro, hablaré al final de la reseña.




Voy a analizarlo considerando varios aspectos y a desarrollar cada uno de dichos puntos por separado para poder hacer una mejor valoración.

El libro me ha encantado. Tiene el enorme mérito de ser disfrutable tanto por una persona que "ya esté en tema" como por otra que no sepa nada sobre el asunto (y lograr esto -en el área que fuere- no es algo fácil).

Una de las primeras cosas que noté y que me agradó es el modo en que está escrito, particularmente la "relación" que establece con el lector. Continuamente propone pensar en las ideas que plantea, en reflexionar sobre la memoria, el olvido... por qué se recuerda, por qué se olvida... Nada se plantea como "verdad absoluta". Se habla de técnicas, de recursos, exponiendo por qué podrían sernos de utilidad, cómo y por qué funcionan, cuándo serían probablemente útiles, cuando no... No hay nada en el libro escrito en términos de "esto es de este modo, es así y es indiscutible"... Hay una continua invitación a la reflexión, a pensar, experimentar y sacar conclusiones.

Además del tipo de relación que procura establecer con el lector, me agradó mucho la didáctica que desarrolla el autor para acercarnos los conceptos, la clase de propuestas que nos hace para que probemos las técnicas expuestas, el aspecto "vivo y lúdico" con el que entiende la Mnemotecnia. Nunca se afirma que "esto es así, así que de este modo se hace, de este modo y jamás de otro". Como dije, el libro es una invitación a la experimentación.

Será (probablemente) por ser docente que tengo en alta estima la metodología de enseñanza, la didáctica empleada... Pongo dicho aspecto a la par de la calidad de los contenidos que se desean desarrollar. Estoy seguro de que todos/as podemos recordar al menos un caso de este tipo: conocemos a una persona que es genial y talentosísima en lo suyo y, aún así, no logra enseñarle la noción más elemental al estudiante más dotado y despierto...

La pastilla verde está escrito para que se entienda, ya sea que uno sepa o que sea totalmente nuevo en este universo de la Mnemotecnia.

Ahora bien, vamos a los contenidos en sí. La forma en que está estructurado el libro es muy acertada. Las técnicas y recursos están ordenadas con criterio, de forma tal que cualquier persona que de modo legítimo se tome el tiempo para experimentar y probar lo que propone el autor llegará siempre al capítulo siguiente con una mayor confianza en su potencial para aprender a utilizar y aplicar las herramientas ofrecidas, para avanzar y animarse a subir un escalón más en cuanto a "complejidad"...




En cada capítulo, el autor nos ofrece una abundante variedad de fuentes bibliográficas e históricas sobre los orígenes, el desarrollo y las corrientes dentro de la Mnemotecnia a lo largo de la historia, así que, si (como yo) son curiosos y disfrutan de conocer la génesis de las cosas, tendrán para entretenerse. Estos datos históricos y bibliográficos no son caprichosos, no son sólo para mostrar erudición o un buen trabajo de documentación para sustentar lo expuesto (que tampoco estaría mal, por cierto), sino que son para que entendamos mejor el por qué de ciertos cambios en el modo de pensar la memoria, el por qué del surgimiento de nuevos métodos y recursos, o la razón por la cual ciertas maneras de abordar este "arte" fueron dejadas de lado.

Leí el libro en dos días. Es de lectura MUY dinámica.

A todo esto, tal vez quienes ya conozcan algo se preguntarán: ¿Es un libro sólo "para neófitos"? No, rotundamente no. Si bien las técnicas y recursos planteados en el libro ya los conocía (con alguna que otra mínima variación), hay algo que será de provecho para toda persona interesada en al área (incluso si ya tiene conocimientos) y esto es el modo que propone para desarrollarlos, así como los usos que plantea.

Elaboro un poco más esta idea. Por ser profesor de música, me valdré -sabrán disculparme- de una metáfora relacionada con lo mío. Piensen por un momento que ustedes son músicos, que conocen ya una buena cantidad de acordes y escalas... Genial, ahora piensen en un libro que desarrolla esos recursos, ya conocidos por ustedes, pero que les propone muchísimos modos originales de utilizarlos y aplicarlos, modos que tal vez jamás consideraron... Quizás conocían "la escala", pero jamás se les hubiese ocurrido que CON ELLA podían hacer algo como lo que les plantea el libro, u obtener una sonoridad distinta de la habitual, simplemente empleándola de otro modo... Espero se entienda mi punto.

Para los que ya estén enganchados con la Mnemotecnia, Luis Sebastián Pascual no les resultará desconocido. Es autor de varios libros sobre esta temática y responsable de la página web mnemotecnia.es.

Me referiré ahora a la última cuestión, al subtítulo del libro: "Técnicas de memorización para mayores de 40 años"

Inicialmente, de modo prejuicioso (era consciente de ello), pensé: "No parece muy buena idea agregar eso. Si las ideas que se exponen las puede aplicar de modo efectivo cualquier persona más allá de su edad, ¿por qué condicionar tanto el famoso "target", el tipo de lector?"

Apenas comencé a leer el libro, me quedó claro el por qué de este agregado y la importancia del mismo. El autor señala algo que yo mismo he notado. Muchas veces, cuando intentamos transmitirle a una persona cercana a nosotros, amigo/a, familiar o un conocido, nuestra pasión por la Mnemotecnia y los beneficios de tener alguna clase de conocimiento sobre ella, solemos recibir respuestas como: "Bueno, sí, es realmente muy interesante. Imagino que será de muchísima utilidad, pero la verdad es que eso se lo dejo a la gente joven, yo ya tengo X cantidad de años...". Luego de este punto, suelen venir ideas basadas en prejuicios y preconceptos sobre la memoria y lo que el entrenamiento de la misma es, así como una "justificación" para no intentarlo siquiera...

Un/a estudiante es, por lo general, más receptivo/a a cualquier clase de recurso que le facilite la tarea de retener los datos que "debe" conocer. Pero la mayoría de las personas, cuando abandonan las etapas clásicas de instrucción, suelen más bien resignarse a su "mala memoria".

El autor invita a repasar estas ideas, analizarlas, cuestionarlas y animarnos a ver "si es tan así" eso de que "luego de cierta edad, tu memoria ya no es la misma" o de que "pasado cierto punto en la vida, la memoria se deteriora".

Y no sólo invita a cuestionar esto, sino que nos ofrece buenos argumentos, evidencias, que señalan lo contrario, casos concretos que demuestran que de ningún modo esto "tiene que ser" así...

En mi caso, aún no llego a los 40, aunque estoy muy cerca. Por fortuna, merced a conocer la Mnemotecnia (gracias a otra de mis pasiones, el Ilusionismo), ni se me cruza por la cabeza considerar que (estando sanos) la edad pueda ser un impedimento para mantener, o incluso ampliar, nuestra capacidad para retener información y aprender cosas nuevas.

Por último, quiero agregar que, para quienes gustan del formato digital, el libro ya se encuentra disponible de este modo. En lo personal, sigo prefiriendo el libro físico. Lo pueden pedir a la editorial directamente o bien conseguirlo en Amazon.

Esto es todo. Dejo a continuación más información sobre Luis Sebastián Pascual y la editorial Meridiano.

MERIDIANO EDITORIAL

Avda. Nazaret 13, Portal A, 9º D Izda.

28009 Madrid
+34 609 184 925
Sitio Web

Web del libro:



Algo más sobre el autor:






"Luis Sebastián Pascual (Valencia 1966) ejerce como informático, pero arrastra desde hace muchos años una irrefrenable curiosidad por la mnemotecnia y muy especialmente por sus orígenes e historia.
Ha publicado los títulos Consigue una excelente memoria (CCS, 2008), Mapas de aprendizaje: una herramienta de memorización (CCS, 2010) y Técnicas de memorización: casos prácticos (CCS, 2013). 
También es responsable de la web www.mnemotecnia.es, en la que además de diversos artículos, ha publicado unBreve manual de mnemotecnia (descarga libre en PDF) y una Breve historia de la mnemotecnia, de consulta abierta on-line www.mnemotecnia.es/bhm."



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Espero que hayan disfrutado de la reseña y se sientan motivados para leer el libro.
Si desean compartir esta entrada en las redes sociales, se los agradeceré.
Desde ya, muchas gracias y hasta la próxima.

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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Mindfulness: la atención plena. (Gabriel García De Oro)

Hoy quiero compartir con ustedes este artículo que tomé de El País (al final de la entrada hallarán el link) que tiene ya un par de años, y que trata sobre un tema que ha ido despertando cada vez mayor interés en estos último años, el estado de Mindfulness o ATENCIÓN PLENA ...

El artículo está casi idéntico a como fue publicado, con excepción de un par de imágenes que he agregado sobre el final para ilustrar con las portadas de los libros que menciona como referencia para quienes deseen saber más.

Sobre dichos libros no puedo decir nada porque no los he leído. Uno de ellos es, al juzgar por lo que dice, para colorear mandalas. En lo personal recomiendo Mindfulness en la vida cotidiana de Jon Kabat Zinn (Paidós).






Mindfulness: la atención plena.

Ser plenamente conscientes de lo que está ocurriendo aquí y ahora.
Es el estado ideal para combatir las distracciones y concentrarse en los objetivos.



Ilustración de Ana Parini


Apenas he empezado a escribir este artículo cuando mi ordenador me ha avisado de que tengo tres correos nuevos en mi bandeja de entrada. Además, he recibido dos llamadas y varios mensajes. Ya puestos, he entrado en el As para comprobar si había sucedido algo relevante en el mundo del deporte. Media hora y aún no he escrito ni una sola línea.

La desconcentración es continua, el bombardeo no cesa. Mi único consuelo, si podemos llamarle así, es que esto no me ocurre solamente a mí, es el signo de los tiempos digitales. Según las estadísticas, como máximo pasaríamos unos once minutos de media concentrados en una actividad antes de que algo o alguien nos interrumpa. Y si nadie lo hace, somos nosotros mismos quie­nes desconectamos. Por si fuera poco, cada desconcentración provoca que cueste entre diez y veinte minutos reemprender la actividad. No estamos acostumbrados a estar presentes en el presente. Nuestro cuerpo está, pero no nues­tra cabeza. Nos hemos habituado a la distracción, a la atención parcial, algo parecido a una plaga universal de síndrome de déficit de atención. Se quiere estar tan conectado que se olvida de que lo primero es hacerlo con uno mismo. Y esto produce estrés, ansiedad, sensación de agobio, de llegar tarde a todo, de no tener tiempo para nada.




Así, no es de extrañar que haya irrumpido con fuerza el concepto de mindfulness. Esta práctica de origen budista cuenta con más de 2.500 años de antigüedad, sin embargo en Occidente no aparece hasta hace unos treinta años para tratar problemas asociados al estrés y al dolor crónico. Hoy, las aplicaciones de este concepto se extienden a casi todos los campos, como por ejemplo al de la educación y la enseñanza. Es habitual ver que las universidades ofrezcan a sus alumnos talleres de atención plena, conscientes de que en la mayoría de los casos la distancia que separa el éxito del fracaso no reside en el talento natural, sino en la capacidad de concentrarnos, que permite retener conceptos, relacionarlos, entenderlos e incorporarlos en nuestras estructuras de pensamiento. Y es que por más capacitado intelectualmente que uno esté, sin atención el suspenso es casi seguro. Se ha de comprender que el cerebro no es multitarea. 

Solo podemos concentrarnos en una cosa a la vez y si no lo hacemos, si intentamos estar en varios lugares al mismo tiempo, no conseguiremos un resultado tan satisfactorio como aquellos que con igual o menor capacidad que nosotros sí que son capaces de poner todo el foco de su atención en la actividad concreta que están desarrollando.

Los estudios científicos han demostrado lo que hace más de dos mil años ya sabían los budistas, es decir, que un estado de atención consciente ayuda no solo a reducir el estrés o la ansiedad, sino también a ser más creativos, a poder juzgar y valorar las situaciones con mayor claridad, a aumentar la resistencia emocional y a disfrutar más de lo que se está haciendo.

Como tantas otras capacidades del ser humano, la atención también se entrena. Porque es un músculo que cuando se usa se fortalece y cuando no, se atrofia. Los resultados, lógicamente, son progresivos y podemos, poco a poco, ir alcanzando cotas de mayor atención. Además, si nos enfrentamos a actividades que van a reclamar más concentración, como por ejemplo una época de exámenes, entrenar unos minutos nos preparará para expandir los límites de nuestra atención, minimizar los efectos de las distracciones, propias y ajenas, y disfrutar del momento. Así que ahora vamos a crear nuestro propio gimnasio de mindfulness. Para ello necesitaremos reservar entre 5 y 20 minutos al día de entrenamiento y empezar con estos tres ejercicios que se pueden repetir cuantas veces se quiera e, incluso, introducir todas aquellas variaciones que nos vengan a la cabeza. Lo importante es practicar.


La pasa. Este es uno de los ejercicios más utilizados en los talleres de mindfulness en todo el mundo. Es tan sencillo como revelador. Se trata de tomar una pasa. Sí, una simple uva pasa. Pero no nos la comemos, no aún.

Primero se observa con detalle y hay que centrarse en darse cuenta del amplio abanico de colores y tonalidades, de cómo incide la luz en sus pliegues, en su textura rugosa. En loirregular de sus formas a nuestros ojos. Se trata de captar todo lo que se pueda ver. Luego, hay que cerrar los ojos y tocar la uva pasa. Pero con mimo. Hacerla bailar entre los dedos, para darse cuenta de su tacto, del nuestro; de cómo se mezcla su piel con la nuestra.

Después, con los ojos cerrados todavía, nos ponemos la pasa en la boca. No la mordemos, sino que la acariciamos con los dientes primero para luego notar que cae en nuestra lengua, acolchándola. Ahora exploramos con la lengua, de la misma manera que hemos hecho con los dedos. Lentamente. Sin prisas. Disfrutando de todo lo que una simple e insignificante uva pasa nos puede ofrecer. Al final, ahora sí, la mordemos. Y somos conscientes de una explosión magnífica que se produce en nuestros sentidos. Percibimos su sabor, cómo se funde y confunde con el nuestro, con la saliva, con el gusto. Tratamos de llenarnos toda la boca con esa mezcla, llegando a todos los rincones. Solamente entonces nos tragamos la pasa y notamos cómo baja por la garganta, cómo abandona la boca y se integra en nuestro interior. Una vez finalizado el ejercicio, esperaremos unos segundos para abrir los ojos y celebrar que hemos disfrutado de una pasa, tal vez por primera vez en la vida, en lugar de engullirla. La hemos sacado todas las posibilidades que tenía para ofrecernos. Eso es lo que ocurre con el presente, que si lo engullimos con las prisas y la falta de atención, no dejamos que nos dé todo lo que tiene para ofrecernos.




Pinte y coloree. No es la primera vez que en este espacio se habla de la importancia de recuperar ciertas actitudes y actividades infantiles en beneficio del desarrollo personal. Sin duda, este es uno de los casos más llamativos. Y es que, últimamente, desde distintos ámbitos, se insiste mucho en los beneficios del clásico pinta y colorea, que todos hemos practicado, en relación con el mindfulness. Se trata simplemente de tomar unas plantillas en blanco y negro, sacar los lápices de colores y ponerse a pintar. Con atención. Abstraídos. Concentrados. De la misma manera que cuan­do éramos niños.

Probarlo no cuesta nada, en Internet podemos encontrar infinidad de plantillas de todo tipo, sobre todo mandalas, que son las representaciones del macrocosmos y el microcosmos usadas en el budismo y el hinduismo. Esta actividad, tan simple, reducirá nuestro ruido interior, nos permitirá entrenar el arte de poner el foco en una sola actividad, conectaremos con nuestra parte creativa y estimularemos la psicomotricidad. Carl Jung, el gran psiquiatra suizo, no dudaba en afirmar que “la práctica del mandala es la única terapia que se puede hacer solo”.

Respiración. Igual que los deportistas aprenden que para mejorar el rendimiento deben respirar correctamente, nosotros también tendremos que practicar la respiración en nuestro gimnasio de atención plena. A pesar de que existen muchas clases de respiración, se puede empezar con la más sencilla, que es la respiración cuadrada. Básicamente se trata de acompasar la respiración, darnos cuenta de que se está respirando y apartar todo pensamiento que quiera inmiscuirse en este ejercicio. Eduard Punset, en su blog, enseña con su aparente sencillez cargada de pedagogía cómo practicar la respiración en beneficio de la atención plena:

“En primer lugar, adoptar una postura de descanso. En segundo lugar, respirar profundamente gracias a una absorción moderada de aire y su consiguiente y posterior exhalación. En tercer lugar, dejar que el organismo supere el acto de respirar profundamente para acariciar, muy brevemente, los pensamientos a los que se renuncia. En cuarto lugar, tomar nota de que el acto de respirar fue interrumpido por algún pensamiento para volver cuanto antes al proceso respiratorio. Basta con repetir durante diez minutos cada día lo anterior –y ese es el quinto paso– para constatar que ha mejorado la focalización de la atención”.

ATRAPA AL CONEJO

Un estudiante de artes marciales se aproximó al maestro para hacerle la siguiente pregunta: “Querido maestro, a pesar de lo mucho que aprendo con usted, quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales. Además de aprender con usted quisiera aprender con otro maestro para dominar otro estilo y otras visiones que seguro me enriquecen.

¿Qué piensa de esta idea?”. El maestro, que había escuchado con atención las palabras de su discípulo, meditó unos instantes y dijo: “El cazador que persigue dos conejos no atrapa ninguno”.



PARA SABER MÁS
'Mindfulness': la atención plena

Ilustración de Ana Parini


LIBROS

‘Focus’
Daniel Goleman (Kairos)


En este libro se encontraran las claves
de cómo aumentar la capacidad de 
atención para conseguir la excelencia.


‘Colorea mandalas’
Susanne F. Fincher (EDAF)


Con él podremos colorear 48
mandalas inspirados en las
formas de la naturaleza.


Fuente original del artículo:


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